William Holman Hunt: The Scapegoat, 1854.

William Holman Hunt: The Scapegoat, 1854.

Yo no fui, soy un chivo expiatorio, solemos oír a los acusados que, en su defensa, aducen ser parte de un plan en que se los acusa para desviar la atención y encubrir al verdadero responsable.

Del latín expiatorius pero de tradición judía, ya que en tiempos bíblicos se solía sacrificar un chivo en los rituales religiosos para exculparse por medio del sacrificio  de un joven macho de la cabra. Pero no termina ahí…

La expresión se menciona en La Biblia (Levítico 16:8, 10, 26), en un ritual del antiguo pueblo de Israel para el cual mediante el azar se elegían dos chivos como ofrenda para Yahveh. Un chivo era sacrificado por el sacerdote durante el rito; el otro era cargado con todas las culpas del pueblo judío y lanzado al desierto. Este último era conocido como chivo expiatorio.

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