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rAFDSC_4084Para los antiguos pueblos andinos, era fundamental observar los movimientos de los astros para deducir la proximidad de la estación de lluvias.

Los Incas llamaban a la Vía Láctea mayu: río celestial. A diferencia de las constelaciones occidentales compuestas por grupos de estrellas, la cultura andina distinguía manchas oscuras contra el fondo claro de la Vía Láctea y las identificaba con las siluetas de los animales que iban a beber a las aguas del río y oscurecer su brillo con sus sombras. Estas sombras se denominan yana phuyu:nubes negras.

El cuadro del artista Miguel Araoz Cartagena (en la imagen) muestra la Vía Láctea sobre Cusco, en los meses de julio y agosto, cuando el cielo está despejado y la mayoría de los fenómenos astronómicos venerados por los Incas es fácilmente observable.

En la parte derecha de la pintura, aparece la gran serpiente de agua. En el centro se pueden ver dos pequeñas figuras de Yutu: perdiz y Hamp’atu: sapo, seguidos por una llama hembra con dos ojos brillantes que corresponden a las estrellas Alfa y Beta Centauri. Por debajo y boca abajo está su cachorro, la llama bebé.

Las llamas son perseguidos por el Atoq: zorro con los ojos rojos. En algunas comunidades, la figura del pastor con los brazos extendidos hacia las llamas, se ve en el lugar del zorro. Sus piernas coinciden con las patas traseras del zorro.

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