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Foto: Andrew Reding

Las mariposas no viven sólo un día. Algunas viven muchos meses y son capaces de proezas asombrosas. Un buen ejemplo de esto es la Mariposa Monarca (Danaus plexippus plesippus).

Estas mariposas  nacen a comienzos del verano (del hemisferio norte) y mueren en pocas semanas. Pero si nacen más tarde y no llegan a reproducirse antes de agosto, su madurez se aplazará y vivirá nueve meses más. Son estas la que migran de Canadá a México recorriendo más de 5.000 kilómetros, sin haber conocido nunca su destino y sin la formación o la asistencia de navegación.  Se cree usan el campo magnético de la tierra y la posición del sol para encontrar su ruta.

Habitan en la zona fronteriza entre Estados Unidos y Canadá y al final del verano emprenden una migración hacia el sur. Cada día a las 9:30 de la madrugada, grupos de hasta 600 levantan vuelo y recorren unos 120 kilómetros hasta el atardecer, momento en el que buscan algún árbol donde pasar la noche.

Aparentemente tienen un sabor horrible y las aves aprenden rápidamente a asociar el color naranja brillante de la mariposa monarca con desagradables recuerdos. Esto les es muy útil porque de otra forma quedarían indefensas.

Durante el vuelo evitan las montañas altas, prefieren los valles abiertos donde los vientos soplen desde el norte usando las corrientes de aire ascendente y se dejan llevar planeando y aleteando sólo cuando merma el viento o no es favorable. Usan sus alas como velas de barco: las colocan en V para controlar la velocidad y la dirección, y las extienden cuando el viento es muy débil. Con esta técnica de vuelo, la monarca recorre entre 3000 a 5000 kilómetros en aproximadamente 25 días hacia los “santuarios” de México.

Estos santuarios son los lugares donde la mariposa monarca establece sus colonias, bosques de oyamel (Abies religiosa) donde hibernan. A mediados de febrero la temperatura aumenta y las monarca comienzan a aparearse, salen en busca de flores para extraer el néctar y acumular la energía que necesitarán en el regreso. En marzo, grandes grupos de mariposas levantan vuelo simultáneamente, buscando corrientes de aire ascendente y dar principio al viaje de regreso.

A mediados de marzo, en los santuarios sólo quedan los cadáveres de las mariposas muertas y los bosques de oyamel quedan sin mariposas hasta fin de año, cuando volverán por millones, repitiendo este curioso fenómeno.

Ver animación:

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La necesidad de los habitantes de la región amenazaba con la transformación de estos bosques de en zonas de crianza ganadera o con fines agrícolas afectando directamente a los santuarios naturales.

Se hicieron esfuerzos por revertirlo, pero la esperanza más grande de conservación pasaba por otra parte: Cada vez más gente tiene interés en visitar los santuarios, lo que produjo un cambio de actitud. Ya no es necesario talar los bosques, sino que estos comienzan a ser la principal fuente de ingresos de las poblaciones vecinas. Ya hay planes como el de la WWF y la Comisión para la Cooperación Ambiental para seguir avanzando en su desarrollo tanto en México como en toda su ruta migratoria desde Canadá.

La conservación de las mariposas monarca podría estar asegurado y esta vez no será sólo por el esfuerzo de científicos y ecologistas, sino por una industria, la del turismo.

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