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2440599629_3b709bba31Hace 250 millones de años, en el período Pérmico, al final de la era primaria apareció la especie de árbol más antigua del planeta que aún vive.

Bajo sus hojas nacieron y se desarrollaron los dinosaurios hasta convertirse en los amos del mundo y al extinguirse, cuando los mamíferos se extendían por todo el planeta, estos árboles cubrían grandes zonas del hemisferio norte, pero fueron desplazados por otras especies vegetales más modernas, con sistemas de polinización mucho más evolucionadas y complejas.

Abuelo de las coníferas actuales, el Ginkgo quedó como el único sobreviviente de aquel remoto pasado. Hace algunos siglos la extinción amenazaba la especie, los habitantes de Chekiang, región al sudeste de China, lo adoptaron y plantaron Ginkgos alrededor de los monasterios y sitios sagrados del budismo con lo que se extendió a Corea y Japón, evitando la desaparición de esta rareza botánica, único en su familia y sin parientes vivos.

Los chinos observaron que el Ginkgo tenía ejemplares macho y hembra, cada uno con características propias. Esto encajaba perfectamente con su visión dualista del mundo: El Yin y el Yang. También sus hojas parecen divididas en dos.

Pero el pueblo chino apreciaba también al árbol por otra cualidad, como lo revela la etimología de la palabra “Ginkgo” es el color que su fruto adquiere. (“albaricoque plateado” 銀杏; yín xìng)

La semilla tostada o pake-wo, es el ingrediente principal de un plato tradicional de las fiestas y bodas chinas.

Ante la presencia de este extraordinario árbol, lo que más llama la atención, es la forma curiosa de sus hojas en abanico, “lobulares” o “flabeladas”. Están formadas por “acículas”, como las de las coníferas modernas, pero soldadas entre sí, formando una superficie uniforme y continua.

Sus colores también son impactantes, varían desde el verde brillante a principios de la primavera, hasta el dorado en otoño.
Aún siendo muy primitivos, los Ginkgos están muy bien adaptados para sobrevivir en su ambiente. Son muy resistentes a los hongos, insectos y microorganismos.

Los chinos, conocían su poder antiséptico e insecticida e introducían hojas de Ginkgo en sus libros para preservarlos. En medicina, los utilizaban para elaborar preparados.

Hoy, los laboratorios y la farmacopea científica, investigan el extracto de las hojas de este árbol que contiene glucósido de flavona (bioflavonoides) y lactonas de terpeno por sus propiedades para el tratamiento de muchas enfermedades relacionadas con un flujo deficiente de sangre al cerebro:

  • Alzheimer y demencia senil.
  • Trastornos de la memoria.
  • Disfunción eréctil (impotencia) debido a insuficiencia arterial.
  • Tinnitus o zumbidos en los oídos.
  • Pérdida de la audición.
  • Vértigo, mareos o pérdida del equilibrio.
  • Trombosis, embolias, várices, flebitis.
  • Pies o manos dormidos. Sabañones (Mala circulación).

Independientemente de su uso (y abuso) terapéutico, su poder de regenerarse a sí mismo causó sorpresa en todo el mundo cuando se encontró un retoño verde de un Ginkgo en Hiroshima en 1946, ocho meses después de la explosión nuclear, en medio de la ciudad destruida.
Hoy, aquel retoño, se ha convertido en un gran árbol. Sus descendientes han cruzado los océanos y continentes, como embajadores de paz en ciudades tan lejanas como Nueva York, París y Londres como símbolo de la esperanza.

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