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En plena selva pueden encontrarse cosas asombrosas sólo mirando alrededor, pero también en el suelo y bajo la superficie. En ciertos lugares del planeta, la lluvia es abundante y produce efectos increíbles en el suelo: ríos subterráneos, cuevas y cenotes.

Ts’onot, en maya, significaba “Sagrado”. Esa palabra y su significado, sobrevive en los cenotes.

Son ensanchamientos de complejas y extensas redes fluviales subterráneas que, en algunos casos, llegan al mar. Podrían superar los 300 metros de profundidad, pero nadie lo sabe aún. En algunos casos como el de Zacatón (México) nadie ha podido llegar al fondo.
En terrenos con arcilla y caliza, el agua de las lluvias, se combina con el calcio de la roca y la disuelve, dejando la arcilla sola que se deposita formando lo que se conoce como “terra rossa”.

A medida que la roca se disuelve puede tener distintos resultados. Como los “Poljés”, valles muy fértiles, generalmente surcados por un arroyo que se pierde en una fosa, como un manantial pero al revés. O las “dolinas”, hoyas de variado tamaño a veces comunicada con las aguas subterráneas.
Todos los cenotes que permanecen alejados de la contaminación y el turismo irresponsable, poseen una variedad riquísima de flora y fauna que, por estar separada del exterior es propia de las cuevas y muy delicada.Lejos de la luz, en las profundidades oscuras de los cenotes, viven asombrosos camarones y crustáceos blancos, peces ciegos.

En México, entre estalactitas y estalagmitas los arqueólogos descubren los restos de los sacrificios mayas, la NASA pone a prueba robots autónomos capaces de moverse en la oscuridad y bajo condiciones extremas.
Todo mientras se desarrolla una industria del “turismo natural” de dudosa naturaleza. Bucear en en uno de estos asombrosos agujeros de la selva debe ser maravilloso, pero si el costo es arruinar el delicado equilibrio de esos ecosistemas, es inaceptable.
Lo que para los mayas era sagrado, debiera volver a serlo: los cenotes, la selva, el agua y la naturaleza entera.

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