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 Foto: Ana Yacobi

Foto: Ana Yacobi

Los científicos han detectado unas 4000 sustancias quimicas en el humo de los cigarrillos, de las cuales 60, como minimo, son cancerígenas. Por ejemplo: Formaldeido. amoniaco., cadmio, arsénico, plomo, etc. agregadas con el fin de volverlos más adictivos. Pero hay otros productos adictivos acechando sin ningún control ni aviso

El investigador Robert Lustig y sus colegas de las Universidad de California San Diego, sostienen que el azúcar debe ser controlada como el alcohol y el tabaco para aliviar la carga en salud pública.

Su trabajo, publicado a principios de febrero en la revista científica Nature, explica que el azúcar está alimentando una pandemia mundial de obesidad que mata a 35 millones de personas al año en el mundo por su relación con enfermedades no transmisibles como la diabetes, enfermedades del corazón y cáncer.

Según Lustig, la toxicidad, adicción y alto consumo convierten al azúcar en la principal culpable de esta crisis de salud en países occidentales. Por eso, propone que las comidas procesadas con azúcar tengan impuestos adicionales para que el consumidor lo piense dos veces antes de adquirirlos.

Lo que se sabe del azúcar es que son calorías vacías, que no aportan nutrientes pero engordan, además desencadena resistencia a la insulina y, por lo tanto, síndrome metabólico (SM), la principal causante de ataques cardíacos, diabetes y amparado en algunas investigaciones, algunos tipos de cáncer. Tener un hígado graso es la causante de resistencia a la insulina y el alto consumo de azúcar genera acumulación de grasa en este órgano.

Pero el SM también aparece en personas delgadas (el 40 por ciento de los que lo padecen no tiene sobrepeso, señala Lustig). Con lo cual la solución para esquivarle a la diabetes y a los problemas cardíacos sería reducir el consumo de azúcar. La OMS recomienda que sólo 10 por ciento de las dos mil calorías diarias que necesitamos provenga de azúcares simples.

Los productos más azucarados son las gaseosas, golosinas, galletitas y productos de panificación.

Fructosa. La sacarosa (azúcar) es mitad glucosa y mitad fructosa. El problema es que mientras que la glucosa puede metabolizarla cualquier célula de nuestro organismo, a la fructuosa la metaboliza sólo el hígado.

Tóxica. A nivel de laboratorio y en animales, se sabe que si llega rápido mucha fructuosa al hígado, este transformará buena parte en grasa. El hígado graso induce al síndrome metabólico, considerado el problema fundamental de la obesidad y uno de los factores de riesgo para problemas cardíacos, diabetes tipo 2 y de algunos cánceres. Se discute si el mismo efecto ocurre en humanos y en un consumo a lo largo del tiempo.

Adicción. Es adictiva porque el azúcar afecta la ruta metabólica de la hormona grelina, la que controla nuestro apetito, y también de la hormona leptina, que ayuda a producir la sensación de saciedad. También reduce la señalización de la dopamina en el centro de recompensa del cerebro, lo que disminuye el placer que nos da consumir alimentos, por lo que acabamos comiendo más de la cuenta.

Un paso clave sería informar a la población en campañas educativas y también con el etiquetado de los productos. Y toman como ejemplo lo que ocurre en Buenos Aires con la sal. Allí se retiraron los saleros de los restaurantes, en el marco de la campaña para reducir los casos de hipertensión. Educar a los niños para formarlos en hábitos alimenticios sanos. Y, sobre todo, obligar a informar, con caracteres fácilmente visibles, la cantidad de azúcar consumidos en una porción.

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